Confesiones de una escort: Nerea y su amiga

Hola, soy una chica escort de Madrid, mi nombre es Nerea, tengo 22 añitos, y trabajo para una agencia. Desde que llegué a esta ciudad comparto piso con una amiga de la facultad.
Yo soy morena, ella rubia, y a pesar de que esté mal decirlo, vayamos por donde vayamos todos los tíos nos miran. Y eso que somos discretitas cuando nos movemos por el barrio. Nada de ropa ceñida, ni minifalda, nada…. Gafas de sol, y punto, pero aún así, damos el cante.

Yo sabía que ella es bisexual, no ha sido la primera vez que ha invitado a alguna amiga suya a casa y han terminado gritando en la habitación. Sin embargo yo, sólo con hombres, por trabajo y por placer. Aunque a veces coinciden las dos cosas.

Esta tarde de verano coincidimos que habíamos llegado las dos de vacaciones, la casa estaba ardiendo y la nevera casi vacía. Ni una triste cerveza con la que poder refrescar la garganta.

Nos fuimos con su coche al supermercado, y llenamos el maletero. De todo, pero sobre todo bebidas, helados, y algo de congelados como para no volver a comprar en un mes.

Cuando ya estaba todo medio colocado en la cocina, cogimos dos cervezas, y nos fuimos al salón. Esas las habíamos comprado frías. Así que nos tumbamos en el suelo debajo del aire acondicionado. Las dos solo con bragas y sujetador. De repente ella empezó a contarme su veraneo, en primer lugar como era el sitio donde fue, la gente con la hicieron el viaje, para más adelante empezar a comentarme con pelos y señales la vida de la chica que había conocido, pero después con todo detalle, las experiencias sexuales que habían mantenido.

Yo me las imaginaba a las dos como locas de la vida, sin embargo me producían sus palabras una enorme envidia a la vez que me deleitaba con los detalles.

Fantasías de una escorts de Madrid

Mientras hablaba yo me puse de lado, mientras que ella no separaba la mirada del techo. Con cada escena que revivía se ponía caliente. Noté como sus bragas color malva estaban empapadas, sus pezones duros, y también como jugueteaba con la botella que paseaba por encima de su coño.

Pero lo más curioso es que yo también me excitaba a su lado, disimulando, no quería rollos con mi compañera de piso. Pero sin embargo ese día le brillaban los ojos, lucia un moreno precioso, y cuando se jugaba con la botella veía parte de su precioso coño depilado.
Ella se estaba dando cuenta, ya que me había pillado varias veces observándola junto con algún que otro movimiento de piernas.

Necesitaba una ducha de agua fría y por varios motivos. Pero el principal era quitarme ese calentón tan inesperado que me estaba cogiendo, y el segundo porque por algún motivo inexplicable deseaba oler bien y sólo para ella. La compra nos había hecho acalorarnos demasiado.

Cada una tenía nuestro cuarto de baño, yo jamás cerraba la puerta. Pero cuando el chorro de agua fría se deslizaba por todo mi cuerpo a la vez que me enjabonaba, mi excitación fue a mayor. La tenía al lado desde hacía dos años, y jamás había sentido ningún interés sexual por ella.

Mientras más me acariciaba en la ducha más caliente me ponía, sólo de pensar como sería follar con ella. Sí, por primera vez deseaba ser su putita y que hiciera conmigo aquello que deseara.

Pensé que con un dedo rapidito se me pasaría el calentón, así que no dudé en masajear fuerte mis pechos y a la vez introducirme uno de mis juguetitos de baño. No me reconocía, pero de repente cuando ya estaba excitadísima ella entró en el baño. Desnuda y con dos botellines más en las manos.

– ¿Los compartimos? Me insinuó mientras se acercaba a mi. Yo paré en seco. Tiré el juguete para que se confundiera con la espuma y continué con mi aclarado.

Tan sólo el hecho de verla desnuda me confirmó que si, que deseaba sexo con ella, que fuera mi primera mujer en darme placer…

Y así fue, una relación entre escorts

Estoy segura que ella adivinaba mi pensamiento, con lo que se metió en el baño conmigo. Yo no me negué, ni dije nada, todo lo que teníamos que hablar lo dijo un besazo intenso, largo, apasionado, que me deleitaba los sentidos.

Las dos de pie, estábamos cada vez más calientes. Nuestros flujos empezaban a confirmarlo. Ella, comenzó a besarme los pechos, a meter sus dedos traviesos por mi boca, y yo los lamia y chupaba como en una felación. Pero continuó bajando hasta que se detuvo en el ombligo. Casi de cuclillas me abrió mi culo con los dedos y poco a poco empezó a meter su lengua por él…

Bufff, no lo creeréis pero yo sudaba de placer por mucha ducha que estuviera.

De repente me giró del todo, se puso abajo del todo y su lengua ya comenzó a darme el mejor de los placeres al lamer todo, mi coño, mi culo, mis ingles…ningún hombre me había hecho sentir así, pero es que ella era una experta, conocía bien el cuerpo de la mujer, y lo más importante, como atacar.

Notaba mis pezones muy duros, más de lo normal, y quería que siguiera lamiéndolos de esa manera tan especial, casi succionadlos.

Salimos de la ducha, y ya en su habitación continuamos. Allí estábamos las dos empapadas, excitadas, pidiendo a gritos que continuara….me quería correr de esa manera, sin pollas, sin manos salvajes…todo era distinto, pero más placentero.

Ella no paraba de sonreír y se puso encima de mi. Yo notaba su coño húmedo, lo movía rozándolo con mi cuerpo, masturbándose a la vez que se acercaba a mi boca una y otra vez, no sin antes detenerse un tiempo especial en mis tetas. Me tenía loca de placer.

Bajó y a la vez me abrió las piernas. Yo me dejaba llevar, y de nuevo su lengua empezó a lamerlo, la verdad es que era una delicia, suave pero con pasión, a veces cambiaba el ritmo o me cogía el culo y me levantaba pero siempre sin dejar de lamérmelo. Como os digo, yo era su puta, con cada gesto me movía a su antojo…me tenía embrujada.

No podía más, mi orgasmo no había llegado aún quizá por los nervios, pero ya en su cama, todo había pasado, quería correrme, y ella deseaba beber mis flujos. No pasó mucho tiempo, después de unos movimientos algo más bruscos me corrí en su boca, si. Me produjo cierto pudor, pero poco, ya que enseguida observé como disfrutaba lamiéndolo todo.

Cuando terminó, me abrazó y me dio un beso de los más erótico, un beso con sabor a mi. Lo más excitante que he sentido jamás.

Pienso que ahora, no me importará hacer servicios de lésbico o tríos, ya pienso en como será con la verga de un hombre mientras una bella chica me lo lame.

Carla Mila

http://www.carlamila.es

 

 

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